[COLUMNA]¿Qué pasa en Suecia y en Europa en este momento?
Domingo, 18 de Diciembre de 2016 17:32

Igor Cantillana
Militante Partido Progresista Suecia
Hace un año en esta fecha escribí sobre el dilema europeo. A dónde se inclinaría la balanza de los gobiernos de turno en relación a los refugiados de la guerra de Siria e Irak, que alcanzaba a un millón de seres humanos que intentaban sobrevivir en Europa.

Las fuerzas humanistas y solidarias de las sociedades europeas por una parte y las fuerzas racistas, conservadoras, anti musulmanas por la otra, teniendo a los gobiernos políticos tradicionales en el medio para tironearlos a su reducto.

2016 pasará a la historia como el año de la vergüenza europea. El año en que las fuerzas más reaccionarias de la sociedad lograron romper uno de los pilares principales de la tradición europea: la solidaridad.

Poco tiempo antes de morir el poeta y ensayista mexicano, Octavio Paz, premio Nobel de Literatura, en una entrevista al diario El País de España había dicho: "Hemos vivido el ocaso de una sociedad que invirtió mucho en la igualdad al precio de sacrificar la libertad y estamos presenciando la caída de otra sociedad que invirtió en la libertad al precio de la igualdad, quizás tengamos que invertir más en la solidaridad para resolver los problemas que la sociedad nos plantea".

El color rojo de la bandera de la revolución francesa se elevaba ya hace años como una buena inversión y quizás más precisamente esa solidaridad orgánica de la que hablaba Durkheim mirando a la naturaleza y al cuerpo humano. No esa solidaridad mecánica que hoy existe en las sociedades y que exige lo mismo a todos aunque todos somos diferentes. La vara de saltar queda a veces muy alta para las grandes mayorías.

Durante todo el año 2016 se ha quejado y lamentado el europeo de la amenaza que contiene la avalancha de los refugiados que quieren entrar a Europa a compartir la mesa y las cosas. Un millón de refugiados para un continente de 500 millones no parecía ser un mayor problema de absorber para algunos. Pero las mayorías, azuzadas por los partidos populistas nacionalistas y racistas, hicieron retroceder las buenas voluntades de algunos gobiernos europeos, entre ellos el de Suecia, que ostentaba el cinturón de campeón mundial humanista.

Se cerraron las fronteras brutalmente, a cualquier precio, y en el caso de Suecia, se llevó al extremo de agregar leyes que no permiten la reunificación familiar de los que ya se encuentran refugiados en Suecia. Se da residencia sólo temporal y se obliga al autofinanciamiento.

Las fuerzas nacionalistas acentúan la lucha por la defensa de la "identidad cultural" mostrando los colmillos a los inmigrantes y también las garras a los musulmanes. Quieren hacer retroceder la historia hasta la homogeneidad racial de décadas atrás.

La ignorancia no sirve para nada, decía Marx. Pero a los populistas nacionalistas de hoy les sirve para extender el miedo en el pueblo. Es una permanente campaña del terror.

2016 es el año del Brexit, el año del ascenso de los racistas en todo Europa, el año del triunfo de Trump. Un buen año para la Barbarie. Las víctimas de la guerra en el Medio Oriente alcanzan al medio millón de personas. Casi 100.000 de ellas han muerto en las frías aguas del Mediterráneo y del neoliberalismo.

Al mismo tiempo, momento de decepción de los gobiernos, el pueblo sueco ha alcanzado cifras récord de ayuda económica privada personal y de organizaciones humanitarias en beneficio de los refugiados. Hoy la Iglesia Sueca exige del gobierno socialdemócrata la revisión de su política de restricción al asilo, de restricción de la reunificación familiar y priorizar el refugio de niños y jóvenes solos que llegan a golpear las puertas fronterizas. El humanismo europeo tiene reservas.

Estuve invitado a una ceremonia de recuerdo y homenaje a Harald Edestam, el embajador sueco que salvó centenares de vidas humanas de uruguayos, peruanos, argentinos, brasileños y chilenos de las garras de la dictadura de Pinochet y que Pinochet expulsó de Chile como persona no grata. El embajador chileno, José Goñi, que organizó el acto en una sala del Congreso sueco, lo declaró persona muy grata para los chilenos y se entregaron testimonios de gratitud y reconocimiento.

Lo que dejaba un sentimiento desagradable en el alma de algunos que asistimos al acto, fue la ausencia de nuevos Harald Edestam en el paisaje sueco y europeo. Veremos lo que el 2017 nos depara.

Igor Cantillana

Militante Partido Progresista Suecia

Diciembre 2016

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